sábado 22 de diciembre de 2007

Ho Ho Ho!

lunes 17 de diciembre de 2007

Bisabuelo goleador

Hace años, a mi padre, en una de sus múltiples épocas ociosas, le dio por investigar la historia de la familia. Se dedicaba a recorrer parroquias buscando partidas de bautismo, interrogaba a los parientes semifosilizados, leía cartas antiguas y dibujaba con esmero un árbol genealógico.

Hasta que mi abuela le “aconsejó” que dejase su investigación. (Mi abuela sabía “aconsejar” de forma muy convincente.)

Pero mi progenitor, en un alarde de valentía, le hizo caso omiso y siguió a lo suyo. Y un domingo cualquiera, rebuscando en el archivo de la iglesia de un pueblecillo, encontró eso que mi abuela no quería que encontrase:

La partida de bautismo de mi abuelo.

Miró la fecha del bautizo, miró la fecha de la boda de sus abuelos, volvió a mirar la fecha del bautizo, hizo un rápido cálculo mental, contó con los dedos para asegurarse y exclamó: ¡anda, coño, papá nació de penalti! (eso, o le bautizaron seismesino, cosa bastante improbable en 1899.)

Mi abuelo ya estaba criando malvas, así que no se pronunció al respecto. Su señora viuda cogió un cabreo tan monumental que tembló la tierra. Y mi padre dejó la investigación para dedicarse al noble arte de comprar máquinas de coser antiguas por eBay.


Mi bisabuelo, el goleador. (Acabo de descubrir de quién hemos heredado Eli y yo las cejas...)

miércoles 12 de diciembre de 2007

La mujer más afortunada del mundo

El libro que estoy traduciendo ahora me tiene absorbida: mañanas, tardes, noches, fines de semana y fiestas de guardar. Al pobre Ataquista no le dejo venir a comer para no perder tiempo y le mando a casa de sus padres, que deben pensar que estamos de crisis matrimonial como poco.

¡¡¡Pero por primera vez en mi larga vida he ganado un concurso, y me ha tocado un premio!!!

Mi padre quiere que le haga una portada para no sé qué en Photoshop y me está volviendo loca. Literalmente. Me llama cien veces al día para que cambie el tipo de letra, coloque la foto un poco más a la derecha, oscurezca el fondo… Y cuando por fin se queda conforme, se va a dormir, sueña con los angelitos, medita y al día siguiente vuelve a empezar. Ayer estaba con tal ataque de nervios que acabé bebiendo a morro del botecito de gotas de pasiflora (un trankimazin de herbolario). Eso sí, dormí que te cagas.

Pero eso ya me da igual, porque ¡¡¡me ha tocado un premio!!!

Casi no tengo tiempo para escribir, para contestar comentarios, para devolver visitas… Tengo mil temas que quiero postear, pero me tengo que conformar con dejarlos anotados en un papel, para cuando me dé un bloqueo-de-pseudo-escritor (suponiendo que entonces tenga tiempo libre para hacerlo).

¡¡¡Un premio!!! ¡¡¡ A mí!!!

Esta mañana se me ha bloqueado la tarjeta bicing y he tenido que llevar a la niña al cole andando, y volverme con su patinete en la mano. Sí, yo voy en bici y a ella le he comprado un patinete plegable para que se ejercite, o más bien pierda el resuello tratando de no quedarse atrás.

¿¿¿Sois conscientes de la magnitud de este hecho??? ¡¡¡Un premio!!!

La niña tiene una caries del tamaño de las cuevas de Altamira. El jueves próximo nos toca volver al dentista para que le hagan un empaste… Seguro que me cobra de más por mal comportamiento, como hacía el veterinario cuando le llevábamos el perro de mis padres para que le cortase el pelo. Antecedentes ya tiene la criatura: la última vez que la llevé al médico se negó en redondo a quitarse los pantalones y quedarse en bragas. Pudorosa que ha salido. Yo forcejeando con ella, ella gritando ¡¡¡noooooo, no me desnudeeeees!!! y el médico deseando perder de vista a ese par de desequilibradas.

Sigo en una nube... ¡¡¡he ganado un premio!!!


(*) Premio = Miserable CD de arias de ópera. Pero tal y como están las cosas, es una gran noticia.

miércoles 5 de diciembre de 2007

Bonnie & Clyde a la española

Mis abuelos paternos, allá por 1932, presumiendo de coche.
Con un par de ametralladoras, habrían dado el pego.
Pero él no era atracador, era sastre (nótese la calidad del traje que lleva).
Con dieciocho años se fué a Londres a perfeccionar su estilo.
Y con el tiempo le concedieron la medalla al mérito en el trabajo.
Hacía frecuentes viajes a Madrid, se hospedaba en un elegante hotel y allí les tomaba medidas y probaba los trajes a sus mejores clientes.
De hecho, a día de hoy, mis hermanos siguen poniéndose de vez en cuando algún abrigo hecho por él.
Pero la genética no fue generosa conmigo. Si el pobre hombre me viese coser botones... se revolvería en su tumba.






Esta era su sastrería.
(Y no es que esto sea un sentido homenaje a mi antecesor. No, la triste verdad es que he sentido un impulso irrefrenable de fardar de abuelo.)