Elle ne me laissa rien à part une froide solitude qui remplit la tête avec du vide et le cœur avec de la peine (No me deja nada, a excepción de una fría soledad que llena la cabeza de vacío y el corazón de pena). Palabras del músico Erik Satie, después de ser abandonado por Suzanne Valadon.
Marie Clementine Valade (1865-1938), hija de una lavandera y de padre desconocido, se trasladó a París con su mamá a la tierna edad de cinco años. Con sólo quince empezó a trabajar como acróbata en el circo, pero al año siguiente una caída del trapecio que casi le cuesta la vida le obligó a replantearse su futuro profesional. Como era una chica mona y vistosa, decidió posar como modelo para algunos de los pintores de su barrio (Montmartre).

La bella Marie.
Posó para Renoir, Toulouse-Lautrec y Puvis de Chavannes. Cada uno la retrató a su estilo (como podréis comprobar en los cuatro cuadros de aquí abajo), con todos ellos tuvo affaires -algo frecuente en las modelos de esa época- y de todos aprendió algo. Marie no se limitaba a contemplar las musarañas mientras la retrataban, iba absorbiendo como una esponja las técnicas y estilo de estos artistas. Al poco tiempo empezó a pintar también. Su gran amigo Degas, impactado por sus intensos dibujos, le animó a dedicarse al mundo del arte.

Renoir. Baile en Bougival. 1883. Museum of Fine Arts. Boston.

Renoir. Mujer trenzándose cabello. 1885. Colección particular.

Toulouse-Lautrec. La resaca. 1887-1888. Fogg Art Museum. Cambridge, Massachusetts.

Puvis de Chavannes. Mujeres a la orilla del mar. 1879. Musée D’Orsay. París.
En esa época decide cambiar de nombre. El culpable no fue otro que Toulouse-Lautrec, que le debió decir algo así como “tú, que posas desnuda delante de los viejos, deberías llamarte Susana”. Dicho y hecho, Marie cambió su nombre por el de Suzanne Valadon.
En 1883 nace su hijo Maurice. Se ha especulado mucho sobre quién era el padre de la criatura, algo que ella se negó siempre a desvelar. El niño adoptó más adelante el apellido de un buen amigo de Suzanne, el pintor y periodista catalán Miguel Utrillo, uno de los asiduos de Els Quatre Gats en Barcelona. Aleccionado y educado por su madre, Maurice Utrillo se convirtió en un famosísimo pintor.


Dos fotos de Suzanne Valadon con su hijo, Maurice Utrillo.
En 1893 tuvo un intenso romance de seis meses con el músico Erik Satie, el llamado padre de la música moderna. Tras su primera noche juntos, Satie le propuso matrimonio. Ella, por supuesto, rehusó. Cuando Suzanne le abandonó, Satie quedó completamente devastado (de hecho fue la única relación amorosa que se le conoce).
Siempre fue una mujer independiente, libre y extravagante. Se cuenta que llevaba corsés de zanahorias, que tenía una cabra en su estudio para que se comiese los dibujos que no le gustaban y que los viernes alimentaba a sus gatos con caviar, como “buenos católicos”. Como pintora era perfeccionista y meticulosa (podía trabajar hasta varios años en un mismo lienzo), utilizaba colores brillantes y marcadas líneas negras.

Suzanne Valadon. Autorretrato. 1883.
En 1896 optó por sentar cabeza y se casó con el corredor de bolsa Paul Mousis. Pero la cosa no duró mucho, ya que a los tres años le abandonó por André Utter, un amigo de su hijo de 23 años, al que casi doblaba la edad. Los tres, además de la madre de Suzanne, vivían juntos, como una familia bien avenida (siendo el padrastro, en este caso, más joven que el hijo).

Maurice Utrillo, Suzanne y André Utter.
Murió en París el 7 de abril de 1938. A su funeral acudieron muchos sus colegas y amigos, entre los que se encontraban Andre Derain, Pablo Picasso y Georges Braque.
Estos son algunos de sus cuadros más famosos: La habitación azul, Adán y Eva y el retrato de su amante Erik Satie. Los modelos para el cuadro de Adán y Eva son ella misma y su compañero André Utter. Fue el primer desnudo masculino pintado por una mujer, aunque para exponerlo en el salón de los independientes tuvo que añadirle con posterioridad una casta hoja de parra.

Suzanne Valadon. La habitación azul.

Suzzane Valadon. Adán y Eva.

Suzanne Valadon. Retrato de Erik Satie.

Suzanne pintando en su estudio.
Y dejo pendiente para otro día, la tormentosa historia de su hijo, Maurice Utrillo.