viernes 29 de febrero de 2008

Puesta en escena

Trayecto en metro, de camino a casa. El Parásito está sentada entre el Ataquista y yo, jugando muy concentrada con dos caballeros del zodiaco. Normalmente, sus caballeros del zodiaco siempre se están atizando el uno al otro, fieles a la serie televisiva. Pero esta vez no. Esta vez, para nuestro pasmo, le ha arrancado la cabeza a uno y ha dejado su cuerpo decapitado en el asiento, y el que está entero le está pegando un evidente morreo a la cabeza del otro.

“¿Se están dando un beso?”, pregunto con tono inocente, para que no le dé vergüenza contestar.

“Noooooo”, responde con una risita nerviosa. (O sea, que “sí”.)

Miro al Ataquista y me encojo de hombros. El Ataquista no se pronuncia al respecto. Volvemos a mirar a la niña. Y de repente caigo en la cuenta: “Ahhhhh…. Ya entiendo… Es Salomé que le está dando un beso a la cabeza de San Juan Bautista ¿verdad?” (*)

“Jijijiji”.

¡Diosssss… es una Calixto Bieito en potencia!



(*) Hace tiempo escribí un post artístico con la historia de Salomé, el que quiera puede leerlo aquí. En la escena final de la ópera -que había visto con la niña la noche anterior-, la protagonista agarra la cabeza decapitada del Bautista, que los soldados le habían entregado en una bandeja de plata, y se resarce del beso que el profeta le negó en vida plantándole un necrófilo morreo.

viernes 22 de febrero de 2008

¡Puños fuera!

Aprovechando que es fin de semana y que podéis conectar tranquilamente los altavoces del ordenador de casa sin peligro de que el jefe os eche una bronca, os dejo una de las canciones fijas de mi reproductor de mp3: el fantástico remix hecho por el DJ francés Dimitri from Paris del tema de Mazinger Z, interpretado por su autor Ichirou Mizuki. (Sí, soy así de friki.)

Este tipo (foto aquí), un híbrido oriental entre Raphael y Camilo Sexto, es toda una leyenda en el Japón. Ha dedicado su noble vida a componer temas para series anime. Y además ha sido bastante fructífero. En 1999, realizó un archifamoso concierto en el que cantó, durante 24 horas seguidas, los 100 temas que había compuesto. (¿Veis como los hay mucho más frikis?)

Deleitad ahora vuestros oídos con su gran hit, Mazinger Z:





(*) Nótese que pronuncia “majinga” en vez de “mazinger”, que es como se dice en japonés.

(**) Para los que necesiten emociones fuertes, pueden buscar en Youtube las palabras “mizuki mazinger” y ver una interpretación en directo de este temazo… yo me niego a colgarlo aquí porque le quita todo el encanto.

(***) La autora de este post reconoce públicamente que esta versión le gusta mucho.

jueves 21 de febrero de 2008

Fosilizado

Hace un par de años le adopté en Ikea. Estaba tan esmirriado el pobre… Conseguí que le creciesen un poco algunas ramitas.

En vacaciones, se lo dejé a mi cuñada. Extrañamente se le cayeron casi todas las hojas, pero siguieron creciéndole las ramitas.

Le amputé las antenas y, gracias a mis sobreprotectores cuidados y a las parrafadas que le echaba Eli durante los desayunos, acabó por convertirse en un precioso arbolito, al que no le importaba que le regase de vez en cuando, por despiste, con líquido azul de limpiar ventanas.

Pero me temo que el corte de pelo que le hizo su mami en diciembre, no le ha gustado mucho... Se ha convertido en un bonsai alopécico.

Le daré de plazo hasta la primavera, no vaya a ser que tenga siete vidas, como los gatos.

P.D. Aún recuerdo el día en que se mudó conmigo a Barcelona, los dos en el avión, mano a mano rama... y el pollo que monté en el control de la T4 cuando me negué a tumbarlo para pasarlo por la cinta...

miércoles 20 de febrero de 2008

¿Qué me pasa doctor?

Esta mañana he estado planchando sábanas y manteles delante de la tele mientras veía Espejo público en Antena3.

Es un síntoma inequívoco: me estoy convirtiendo en una maruja.

Mañana me saldrán rulos en el pelo, zapatillas de felpa y bata de boatiné. Seguro.

martes 19 de febrero de 2008

Sistema métrico aspiratorial

Si alguien me pregunta cuántos metros cuadrados tenía cualquiera de los pisos en los que he vivido, probablemente no sabría decirlo. Mi sistema de medida es algo más rudimentario: la longitud del cable del aspirador.

Empecé habitando un estudio (aunque siendo sincera, la palabra “zulo” se aproxima más a la realidad), luego me mudé a un apartamento y actualmente vivo en un piso. Los cálculos necesarios para averiguar la categoría de la vivienda vienen a ser estos:

Estudio: Habitáculo que te permite enchufar el aspirador en un extremo y limpiar todos y cada uno de sus rincones sin tener que cambiar de enchufe.

Apartamento: Versión ampliada del estudio. Para limpiarlo entero es necesario utilizar dos tomas de corriente distintas, una en cada extremo de la casa.

Piso: Espacio habitable de más de dos habitaciones, en el que se necesita conectar el aspirador a cuatro enchufes distintos para poder acceder a todos los recovecos susceptibles de acumular merde.

Mansión: El propietario -que no arrendatario- toma el sol cómodamente en su piscina mientras el servicio se desloma enchufando y desenchufando el último grito en la tecnología doméstica: el Turboaspirator 2000. Para pasar de la categoría “piso” a la categoría “mansión” es necesario desfalcar un banco o tener mucha suerte en la primitiva.

Conclusiones: Creo que debería patentar este sistema de medición. Seguro que dentro de unos años todas las inmobiliarias lo estarán utilizando, si es que siguen abiertas, por supuesto. Lo único malo de este sistema es que tiene un pequeño punto negro: si se usa un alargador de cables, un piso podría pasar a convertirse en apartamento, metafísicamente hablando, claro. Y si uno se siente especialmente atlético, puede dedicarse a enchufar el aspirador en todos y cada uno de los enchufes de su zulo para convertirlo en un piso. Sospecho que debería alejarme del teclado. Creo que estoy sufriendo un ataque de verborrea incontenible. Sí, mejor dejo ya de escribir. Venga, me despido. Hasta otro día. Me marcho a pasar el aspirador, a ver si perfecciono el sistema. Besos y abrazos a todos. Adios...

jueves 14 de febrero de 2008

Encuesta

Cuando el Ataquista se mete en la cama por la noche, empieza su extraño ritual de calentamiento de sábanas. En primer lugar se pone panza abajo y patalea, como un niño con una rabieta. Luego se gira de medio lado y mueve las piernas y los brazos hacia delante y hacia atrás, como si estuviese corriendo los cien metros lisos pero tumbado. Para acabar, se revuelca de un lado a otro, como un perro rascándose el lomo en la hierba.

Y lo chungo es que se extraña de que a mí me dé la risa floja cuando veo a un tipo de casi dos metros haciendo este tipo de “ejercicios aeróbicos”, así que me ha pedido que haga una encuesta en el blog para demostrarme que no es el único que lo hace...

Tenéis la palabra.

miércoles 6 de febrero de 2008

La bella Suzzane

Elle ne me laissa rien à part une froide solitude qui remplit la tête avec du vide et le cœur avec de la peine (No me deja nada, a excepción de una fría soledad que llena la cabeza de vacío y el corazón de pena). Palabras del músico Erik Satie, después de ser abandonado por Suzanne Valadon.


Marie Clementine Valade (1865-1938), hija de una lavandera y de padre desconocido, se trasladó a París con su mamá a la tierna edad de cinco años. Con sólo quince empezó a trabajar como acróbata en el circo, pero al año siguiente una caída del trapecio que casi le cuesta la vida le obligó a replantearse su futuro profesional. Como era una chica mona y vistosa, decidió posar como modelo para algunos de los pintores de su barrio (Montmartre).


La bella Marie.

Posó para Renoir, Toulouse-Lautrec y Puvis de Chavannes. Cada uno la retrató a su estilo (como podréis comprobar en los cuatro cuadros de aquí abajo), con todos ellos tuvo affaires -algo frecuente en las modelos de esa época- y de todos aprendió algo. Marie no se limitaba a contemplar las musarañas mientras la retrataban, iba absorbiendo como una esponja las técnicas y estilo de estos artistas. Al poco tiempo empezó a pintar también. Su gran amigo Degas, impactado por sus intensos dibujos, le animó a dedicarse al mundo del arte.


Renoir. Baile en
Bougival. 1883. Museum of Fine Arts. Boston.


Ren
oir. Mujer trenzándose cabello. 1885. Colección particular.


Toulouse-Lautrec. La resaca. 1887-1888. Fogg Art Museum. Cambridge, Massachusetts.


Puvis de Chavannes. Mujeres a la orilla del mar. 1879. Musée D’Orsay. París.

En esa época decide cambiar de nombre. El culpable no fue otro que Toulouse-Lautrec, que le debió decir algo así como “tú, que posas desnuda delante de los viejos, deberías llamarte Susana”. Dicho y hecho, Marie cambió su nombre por el de Suzanne Valadon.

En 1883 nace su hijo Maurice. Se ha especulado mucho sobre quién era el padre de la criatura, algo que ella se negó siempre a desvelar. El niño adoptó más adelante el apellido de un buen amigo de Suzanne, el pintor y periodista catalán Miguel Utrillo, uno de los asiduos de Els Quatre Gats en Barcelona. Aleccionado y educado por su madre, Maurice Utrillo se convirtió en un famosísimo pintor.


Dos fotos de Suzanne Valadon con su hijo, Maurice Utrillo.

En 1893 tuvo un intenso romance de seis meses con el músico Erik Satie, el llamado padre de la música moderna. Tras su primera noche juntos, Satie le propuso matrimonio. Ella, por supuesto, rehusó. Cuando Suzanne le abandonó, Satie quedó completamente devastado (de hecho fue la única relación amorosa que se le conoce).

Siempre fue una mujer independiente, libre y extravagante. Se cuenta que llevaba corsés de zanahorias, que tenía una cabra en su estudio para que se comiese los dibujos que no le gustaban y que los viernes alimentaba a sus gatos con caviar, como “buenos católicos”. Como pintora era perfeccionista y meticulosa (podía trabajar hasta varios años en un mismo lienzo), utilizaba colores brillantes y marcadas líneas negras.


Suzanne Valadon. Aut
orretrato. 1883.

En 1896 optó por sentar cabeza y se casó con el corredor de bolsa Paul Mousis. Pero la cosa no duró mucho, ya que a los tres años le abandonó por André Utter, un amigo de su hijo de 23 años, al que casi doblaba la edad. Los tres, además de la madre de Suzanne, vivían juntos, como una familia bien avenida (siendo el padrastro, en este caso, más joven que el hijo).


Maurice Utrillo, Suzanne y André Utter.

Murió en París el 7 de abril de 1938. A su funeral acudieron muchos sus colegas y amigos, entre los que se encontraban Andre Derain, Pablo Picasso y Georges Braque.

Estos son algunos de sus cuadros más famosos: La habitación azul, Adán y Eva y el retrato de su amante Erik Satie. Los modelos para el cuadro de Adán y Eva son ella misma y su compañero André Utter. Fue el primer desnudo masculino pintado por una mujer, aunque para exponerlo en el salón de los independientes tuvo que añadirle con posterioridad una casta hoja de parra.


Suzanne Valadon. La habitación azul.


Suzzane Valadon. Adán y Eva.


Suzanne Valadon. Retrato de Erik Satie.


Suzanne pintando en su estudio.

Y dejo pendiente para otro día, la tormentosa historia de su hijo, Maurice Utrillo.

domingo 3 de febrero de 2008

La ciudad eterna

Estamos dando vueltas a la posibilidad de hacer una escapadita a Roma (cuando consigamos superar las cuestas de enero, febrero y marzo).

Le di la noticia al Parásito, sabiendo que le gusta el tema de los circos, gladiadores y soldados romanos y que suele hacer “coliseos” con sus bloques de construcción. Para mi sorpresa, la cara que puso no fue de emoción (más bien fue cara de mimadresepinchaperotendréqueaprenderavivirconello).

“¿Qué pasa? ¿Es que no te apetece conocer Roma?”, le pregunto.

“Bueno… sí…”, me responde muy seria, “… pero tendremos que tener cuidado y llevarnos por lo menos unas lanzas”.

El día que llegue y descubra que los romanos viajan en coche en vez de cuadriga se va a llevar un chasco de los gordos.

viernes 1 de febrero de 2008

La leyenda del indomable

Érase una vez un Ataquista ayudando a un indómito Parásito a hacer los deberes. En la parte superior de la hoja, el Parásito escribe su nombre, pone un punto y luego la inicial de su apellido. El Ataquista le corrige dulcemente: “No, Eli, el punto se pone detrás de la letra F, no delante”.

El Parásito se le queda mirando muy seria, le espeta un rotundo “no trates de comprender la mente femenina” y lo deja como está.