El Parásito tiene sus principios. Y uno de ellos es no hacer caso jamás a la primera. Cualquier tipo de orden o petición hay que repetírsela un mínimo de ¿diez veces? para que se digne a ejecutarla, subiendo el tono de voz progresivamente y añadiendo a la última repetición esta amenazadora coletilla: “unooooo… dooooos… y…”. Nunca hace falta llegar al tres. La rebelde visualiza de golpe las llamas del infierno y los atroces sufrimientos que le esperan y acaba por capitular.
Pero esta tarde me he dado cuenta de que mi maravillosa fórmula, que tan “buen” resultado me ha dado estos últimos años, empieza a perder fuerza:
—Eli, ponte el pijama que te vas a helar—y ya van cuatro, pero ella sigue en pelota picada cantando y bailando delante del espejo—. ELI, QUE TE PONGAS EL PIJAMA… UNO…
—... el brikidaaaans, dos el crusaito...
No ha hecho falta llegar a “tres”. Ha ganado por goleada.





